El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de las vías aéreas que dificulta la respiración en determinados momentos. Los bronquios se vuelven hipersensibles y se estrechan ante estímulos como polvo, moho, humo, infecciones o esfuerzo físico. A pesar de ser crónica, el asma tiene tratamiento eficaz y puede controlarse muy bien.
Síntomas más comunes
- Falta de aire
- Sibilancias (pitos en el pecho)
- Sensación de opresión en el pecho
- Tos persistente, especialmente de noche o al despertar
- Cansancio con el esfuerzo
Cómo se realiza el diagnóstico
El diagnóstico comienza con una evaluación clínica detallada por el neumólogo. El examen principal es la espirometría — prueba de función pulmonar que mide el funcionamiento de los pulmones e identifica obstrucción de las vías aéreas. En algunos casos, pueden solicitarse exámenes complementarios adicionales.
Tratamiento
El tratamiento se basa principalmente en medicamentos inhalados con dos funciones: controlar la inflamación diaria y aliviar los síntomas durante las crisis. Además de los medicamentos, identificar y evitar los factores desencadenantes es parte fundamental del control de la enfermedad.
- Medicamentos inhalados de control para uso diario
- Broncodilatadores de rescate para las crisis
- Identificación y control de los factores desencadenantes
- Seguimiento regular con el neumólogo
Por qué tratar el asma correctamente
Sin tratamiento adecuado, el asma puede causar crisis más intensas, visitas a urgencias y deterioro de la calidad de vida. Con seguimiento correcto, la gran mayoría de los pacientes logra mantener la enfermedad controlada, respirar bien y llevar una vida activa — sin las limitaciones que la enfermedad puede imponer.
