La neumonía es una infección pulmonar causada por bacterias, virus o, más raramente, hongos. Los microorganismos llegan a los alvéolos — los pequeños sacos de aire donde ocurre el intercambio de oxígeno — y provocan inflamación que dificulta la transferencia de oxígeno a la sangre. Puede afectar a personas de cualquier edad, pero es más grave en niños pequeños, ancianos y personas con enfermedades crónicas o inmunidad reducida.
Síntomas más comunes
- Fiebre, generalmente alta
- Tos con o sin mucosidad
- Falta de aire
- Dolor en el pecho al respirar o toser
- Cansancio y malestar general intenso
- Escalofríos
- Confusión mental en personas mayores
La intensidad de los síntomas varía desde cuadros leves hasta situaciones graves que requieren hospitalización.
Neumonía aspirativa
Un tipo específico es la neumonía aspirativa, que ocurre cuando contenido de la boca, el estómago o alimentos son aspirados hacia los pulmones. Es más frecuente en personas con dificultad para tragar, trastornos neurológicos o reflujo gastroesofágico importante.
Cómo se realiza el diagnóstico
Radiografía de tórax — identifica áreas de inflamación pulmonar
Tomografía de tórax en situaciones específicas
Análisis de sangre para evaluar signos de infección
Cultivo de esputo para identificar el microorganismo responsable
Tratamiento
El tratamiento depende de la causa y la gravedad del cuadro.
- Antibióticos en la neumonía bacteriana
- Tratamiento de soporte y control de síntomas en la neumonía viral
- Hidratación adecuada
- Oxígeno suplementario cuando sea necesario
- Hospitalización en casos más graves
La prevención también es fundamental — la vacunación contra el neumococo y la influenza reduce significativamente el riesgo de neumonía en grupos vulnerables. El diagnóstico temprano y el tratamiento correcto favorecen la recuperación completa y evitan complicaciones.
